Esa noche, yacía en la cama de la lujosa habitación de Luca en Roma. Afuera, las luces de la ciudad parpadeaban y podía oír el leve rumor del tráfico a lo lejos.Esperé hasta que Luca se quedara profundamente dormido a mi lado. Su respiración era regular, y sabía que estaba realmente agotado después de todo lo que había sucedido. Miré su rostro tranquilo, sintiendo una mezcla de amor y dolor en mi corazón. Luego, lentamente, me levanté de la cama y caminé hacia el balcón.El aire nocturno se sentía fresco, y el viento acariciaba mi cabello suelto. Miré el cielo oscuro, buscando las estrellas ocultas tras la contaminación lumínica de la ciudad. Sentí las lágrimas comenzar a rodar por mis mejillas. Ya no pude contenerlas más.Lloré en silencio, dejando que las lágrimas cayeran sin hacer ruido. Lloré por el doctor Mario, por la enfermera Elena, por todos mis compañeros que murieron en aquel hospital. Lloré por los pacientes que perdieron su lugar para recibir atención. Lloré por mí misma
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