No sabía cuánto tiempo llevaba atrapada en esa oscuridad. El tiempo parecía haberse detenido; solo existían el hambre, la sed y el miedo que no dejaban de atormentarme.
Intentaba dormir, intentaba ahorrar energías, pero cada vez que cerraba los ojos, veía al Dr. Mario tendido en el suelo con un disparo en el pecho. Imaginaba a las enfermeras y a los pacientes que había dejado en el hospital. Imaginaba a Luca, sin saber dónde estaría, quizá buscándome, quizá sufriendo por su padre.
Me desperté d