La clínica estaba fría, limpia, con ese característico olor a desinfectante que a Olivia le revolvía aún más el estómago. Sentada junto a Noah en la sala de espera, sentía las manos heladas y el corazón latiéndole con tanta fuerza que parecía querer escapar de su pecho.Noah, en cambio, mantenía una sonrisa tranquila que no se borraba de su rostro. Tenía una de sus manos atrapada entre las suyas y de vez en cuando acariciaba sus dedos con suavidad. Para él, la posibilidad de convertirse en padre otra vez era una noticia maravillosa. La idea de tener un bebé junto a Olivia llenaba su corazón de ilusión.Para Olivia era completamente diferente.Si estaba embarazada, lo perdería todo.Perdería a Noah, perdería a Lily, perdería la familia que había encontrado, perdería la felicidad que apenas comenzaba a conocer.Su cuerpo temblaba cada vez más mientras intentaba controlar el miedo que crecía en su interior.La puerta del consultorio se abrió.—¿Olivia Lancaster?—Aquí, doctora —respondió
Leer más