Noah llegó a su casa como si nada hubiera pasado. Su expresión era tranquila, relajada incluso, como si hubiera tenido una jornada completamente normal en la empresa. Al entrar en la mansión encontró a Richard en la sala principal, sentado cómodamente con una copa en la mano.
—¿Y mi mujer? —preguntó Noah mientras abría los botones del cuello.
—Está en la sala de pintura con Lily.
Noah se quitó el saco y lo colgó sobre el respaldo de una silla.
—Sabes que yo sé todo, ¿verdad?
La comisura de los