Los días pasaron rápidamente y Olivia brillaba en la universidad. A diferencia de sus años de preparatoria, donde muchos compañeros habían intentado destruir su confianza y hacerla sentir menos, allí ocurría todo lo contrario. Sus compañeros celebraban sus éxitos, admiraban su inteligencia y buscaban aprender de ella. Bueno... casi todos.Luciano Fritz, el antiguo estudiante destacado de la facultad, no podía aceptar que una mujer proveniente de una preparatoria estatal fuera más inteligente que él. Cada buena calificación de Olivia parecía herir directamente su orgullo. Para empeorar las cosas, su talento también había comenzado a atraer admiradores. Algunos compañeros le llevaban chocolates, dulces, café, jugos o pequeños regalos con cualquier excusa, pero si Noah le había impuesto una regla inquebrantable era esa: jamás aceptar comida o bebidas de desconocidos.—Nunca sabes quién puede tener malas intenciones, ratoncita. La gente puede ser más peligrosa de lo que parece, pueden ocu
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