Los dedos de Omar se cerraron alrededor del brazo de Samyra con una fuerza inmediata, casi instintiva, como si el control de la situación dependiera de no dejarla escapar ni un segundo.Su rostro se endureció al instante, y la rabia que llevaba contenida desde hacía tiempo terminó de estallar en su mirada.—¿Samyra, por qué te atreves a acusarme de algo así? —su voz salió baja, pero cargada de una tensión peligrosa—. No soy infiel. ¿Cómo quieres que te lo demuestre?Samyra sintió el dolor en el brazo antes incluso de procesar sus palabras.No era solo la presión física, sino el peso emocional de todo lo que habían acumulado entre ambos durante días, semanas, quizá meses. Aun así, no apartó la mirada de él.—Entonces, ¿niegas que el hijo de Nayla sea tuyo? —preguntó, con la voz quebrada, pero firme.Esa frase fue suficiente para romper el frágil control que Omar intentaba mantener.La soltó de golpe, como si el contacto le quemara.Dio un paso atrás, respiró con fuerza y pasó una mano p
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