El salón estaba demasiado silencioso para la tensión que lo llenaba.
No era un silencio tranquilo, sino uno de esos que pesan, como si las paredes estuvieran escuchando y esperando el siguiente error para delatarlo.
Nassira mantenía la mirada fija en Omar, pero sus manos temblaban levemente a los costados del vestido. Había hablado sin medir el alcance de sus palabras, impulsada por algo que mezclaba celos, miedo y una necesidad absurda de tener razón.
—¿Cómo pudiste hacer esto, Nassira? —la voz