LunaEl sol ya casi se estaba poniendo cuando llegamos a la calle principal del barrio. La subida siempre pedía esfuerzo, pero Benicio iba saltando delante de nosotras, como si tuviera batería infinita. Yo, Tatiana y Heloísa ya estábamos sudando, riendo y resoplando con el peso de las bolsas.—¿Este mocoso no se cansa, no? —dijo Tatiana.—Ya ves, es hijo de quien es, ¿no?… —respondió Heloísa.Fue entonces cuando él se paró de repente, en medio de la acera. Sus ojos brillaron, y salió corriendo calle arriba, hacia una camioneta negra estacionada.—¡Paaapá! —gritó Benicio.Mi corazón se detuvo. Levanté los ojos y lo vi. Apoyado en una camioneta negra, un cigarro quemando entre sus dedos, estaba él. El Diablo. Camisa negra de manga larga arremangada hasta los codos, tatuajes apareciendo en el antebrazo, pantalón vaquero oscuro, cadena de plata gruesa en el cuello. La gorra baja cubría parte de su rostro, pero sus ojos —esos ojos— vinieron directamente a los míos.A su lado, claro, el ins
Leer más