LunaEl ritmo del funk hacía vibrar el suelo cuando llegamos a la entrada de la discoteca. El lugar estaba lleno, olor a marihuana en el aire, perfume barato mezclado con adrenalina. Las luces parpadeando, los coches en fila… y la energía.—Vamos a subir al reservado —dijo Heloísa.—Hoy quieres causar, ¿no? —dijo Tatiana.—¿Yo? Nunca —respondió Heloísa, riendo, ya tirando de nosotras por las escaleras.Subimos apretadas en medio de la gente. En el reservado, la vista era otra: whisky en la mesa, equipo de sonido más grande, vista privilegiada de la pista. Y fue ahí donde lo vi.Apoyado en la esquina, tirado en la silla como si fuera el dueño de todo (y lo era), camisa negra abierta en el pecho, cadena gruesa colgando de su cuello y esa mirada, esa maldita mirada que me paralizaba.En su regazo, una rubia. De esas todas arregladas, silicona gritando en el escote, la boca pareciendo que iba a explotar de tanto relleno, pestañas enormes. Y ella riendo, clavando sus uñas en su pecho, rest
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