Luna
Después de unos minutos, estacionó cerca de una casa más alejada, en una calle tranquila del barrio vecino. Una casa sencilla, pero bien cuidada. Portón bajo de madera, luz exterior encendida, una maceta de helecho colgando en el porche.
—Baja —dijo él.
Obedeci. Él abrió el portón sin prisa y me guio hacia adentro. La casa olía a limpieza —jabón, café recién hecho, algo cítrico en el aire. Tenía sofá de cuero marrón, piso de cerámica encerada, y un ventilador de techo haciendo ruido en la