POV: ValentinaComí despacio, sin prisa. Miré los jirones de niebla enredándose entre las ramas de los árboles a través del cristal. Mi mente se quedó flotando en una especie de limbo, suspendida en un vacío donde no había deudas, ni escenarios de baile, ni hombres de Ramos buscando mi rastro por los moteles de Florida. Fue solo al terminar, cuando recogí el plato y empujé la puerta batiente de la cocina, que la realidad me cayó encima como un cubo de agua helada. —Ginevra —llamé, deteniéndome en seco junto al fregadero de acero. —¿Qué pasa, muchacha? —respondió ella, sin apartarse de una bandeja de verduras. —¿Qué hora es? ¿Cuánto ha pasado desde que me senté a la mesa? Ginevra levantó la vista hacia el reloj de pared con números romanos que presidía la estancia. —Las once menos cuarto, más o menos. ¿Por qué? Hice la cuenta en mi cabeza, sintiendo un vuelco violento en el estómago. Tres horas. Llevaba tres horas completas despierta. —¿Te encuentras bien? Te has puesto pálida
Leer más