—No —respondí, apoyando los hombros contra el marco de la puerta—. Aquel es tu cuarto de ensayo. Tu espacio para estirar las piernas si te aburres de la biblioteca. Este cuarto es exclusivo para nuestras sesiones.Giró la cabeza despacio, mirándome como si estuviera viendo a un enemigo que acababa de desvelar una estrategia oculta.—Me dijiste que prepararías un lugar, sí... pero esto es una locura. Tiene hasta un camerino privado. ¿Cuánto tiempo llevas montando este teatro a mis espaldas?—Dos semanas, Valentina. Las contraprestaciones del trato se planifican con tiempo. No quise agobiarte con los detalles el día que pisaste esta casa, ni durante estos quince días que dices que te ignoré. Este espacio es para tu uso exclusivo. Y para mis ojos.Caminé hacia el sillón de cuero que permanecía en el ángulo muerto del espejo y me dejé caer en él. Crucé los brazos sobre las rodillas, sosteniéndole el pulso visual sin parpadear.—Cuando yo lo solicite, Valentina, vas a bailar aquí. Para mí,
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