69. Entre el pulso y la caída.
La puerta cerrada frente a mí concentra toda la atención, como si ese rectángulo de vidrio fuera el único punto del mundo donde algo importante se decide en ese instante, y el cuerpo se mantiene rígido, atento, con la respiración contenida mientras los movimientos dentro de la habitación se vuelven rápidos, precisos, cargados de urgencia, y cada gesto del equipo médico refuerza una realidad que ya no admite interpretaciones suaves.Sofi se aferra a mi brazo con fuerza, y su contacto me ancla, me obliga a mantenerme firme aunque por dentro el pulso se acelere sin control, y Adrián permanece a mi lado con una postura sólida, sosteniéndome sin palabras, con esa presencia constante que en este momento adquiere un valor distinto.Los minutos pasan con una lentitud insoportable.El tiempo pierde forma, cada segundo pesa. Finalmente, la puerta se abre.Un médico sale, se acerca, y en su expresión encuentro la respuesta antes de que hable, porque la tensión en su rostro deja claro que la situ
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