68. Donde el miedo se vuelve claro.
La noche avanza sin marcar diferencias entre una hora y otra, y el hospital se convierte en un espacio suspendido donde el tiempo deja de organizarse como afuera, porque cada minuto depende de una puerta que se abre, de un paso que se acerca, de una mirada que trae respuestas o deja nuevas preguntas, y en ese ritmo irregular me mantengo sentada con el cuerpo en tensión constante, aunque la mente intente sostener cierta claridad para no perder el control.
Sofi duerme apoyada contra mi hombro, co