La junta empezó con quince minutos de retraso porque el señor Fortuny se había equivocado de sala, lo cual era, en opinión de Adrián, una metáfora perfecta de todo lo que llevaba semanas observando en ese consejo.Se sentaron en torno a la mesa ovalada del tercer piso: seis hombres de mediana edad con trajes que costaban lo que un empleado administrativo ganaba en tres meses, y Elena. Elena, que era la única sin carpeta delante, sin bolígrafo en la mano, sin el gesto ansioso de quien necesita apoyarse en algo escrito para recordar que sabe lo que sabe.Adrián ocupó su silla habitual, la que quedaba ligeramente fuera del círculo principal, la del observador que nadie invita formalmente pero que tampoco nadie se atreve a echar. Desde ahí tenía una visión completa de la mesa y, más importante, de los rostros.Roca abrió la sesión con el punto sobre la refinanciación del fondo B, un asunto técnico que llevaba tres semanas bloqueado porque nadie terminaba de ponerse de acuerdo en los plazo
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