—Eres un... —dijo Rafael, pero no alcanzó a terminar la palabra.Dominik se acercó lo suficiente, la distancia entre ellos reduciéndose hasta que el aire se volvió denso, pesado. Lo miró con una tranquilidad que sofocaba, su presencia dominando el espacio sin esfuerzo.—Cuida tus palabras, sobrino —murmuró Dominik, su voz baja y peligrosa—. Me debes mucho. Créeme, en este momento no me importa si eres mi sobrino.En ese preciso instante, un mesero se deslizó a su lado con la gracia invisible de quien sirve en estos eventos. Sobre una bandeja de plata, una copa de champán dorado brillaba bajo la luz de las arañas. Dominik la tomó sin apartar la mirada de Rafael, el gesto fluido, natural, como si la confrontación no fuera más que una pequeña interrupción en su noche. Se llevó la copa a los labios, bebiendo con lentitud, sus ojos helados fijos en los de su sobrino.El sonido del cristal al posarse de nuevo en la bandeja del mesero fue el único ruido.Rafael estaba pálido, sus labios apre
Leer más