Vestida con un traje sastre negro que entallaba su figura con una elegancia imponente, el cabello dorado casi blanco, peinado perfectamente dejando algunas ondas suaves y una postura que irradiaba un poder absoluto, Emi Vega entró a la sala de juntas. No Llevaba bastón, Pero si llevaba unas gafas de lujo. Sus ojos se podían ver sanos, limpios, brillantes y fijos, se clavaron directamente en la mesa, escaneando el lugar con una claridad perfecta.Gabriel se puso de pie de un salto, tirando la silla hacia atrás con un estrépito golpe que hizo eco en toda la sala. El color se le fue por completo del rostro y sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.—¿Emi...? —susurró con la voz rota, mirándola fijamente, impactado no solo por verla hermosa y frente a él, sino por la mirada directa y viva que ella le devolvía.Scutaro soltó el habano, que cayó sobre la mesa de madera, mientras abría los ojos con un terror visible, viendo cómo la mujer que creía exiliada, ciega y miserable en
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