Sabía que las directrices de la auditoría estaban en marcha y que el ambiente era hostil, pero la felicidad del beso de la noche anterior seguía siendo su motor. No iba a permitir que la guerra financiera lo alejara de la mujer que amaba.
Se plantó frente a la puerta de Emi, respiró hondo y, sin pedir permiso a los secretarios ni a los auditores que corrían de un lado a otro, tocó con firmeza, listo para entrar y pelear por su reconciliación.
Gabriel abrió la puerta y entró con paso firme. Iba