—Pero ¿qué significa esto? ¡Quitenme las manos de encima! —bramó Scutaro, con el rostro enrojecido por la furia, mientras divisaba a Emi al final del pasillo—. ¡Emi! ¡Esto es una violación flagrante a mis derechos como socio! ¡No puedes llegar aquí a tratarnos como delincuentes!
Emi caminó hacia él con elegancia y seguridad mirándolo fijamente. El eco de sus tacones silenció el murmullo de los empleados que observaban desde lejos. Se detuvo a dos pasos del viejo, mirándolo directamente a los o