49. Están despedidos
Maximiliano Doy media vuelta sobre mis talones sin despedirme, dejando a Berta con la pregunta en el aire, y me alejo a grandes zancadas hacia el pasillo de servicio principal.Mi mente empieza a trabajar a mil revoluciones por minuto, llenándose de una furia ciega y posesiva. Pensar que tal vez se ha escapado, que ha aprovechado la orden del café para huir de Chicago, para alejarse de mí y de la sombra de su padre sin decir una sola palabra, me hace apretar los puños hasta que los nudillos me duelen. No puede haberse ido. No se lo permito. Ella es mi prisionera, mi deuda por cobrar, mi… No voy a dejar que desaparezca de mi mapa.Y… ya ni siquiera estoy seguro de que todo siga siendo así, pero el punto es que es mía.Decido buscar en todos los recovecos del edificio, dispuesto a revisar cada rincón de la lavandería, los vestidores y las salidas de emergencia si es necesario. Pero justo cuando voy a girar en el pasillo que conecta con el ala de mantenimiento norte, un sonido me obli
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