47. ¿Cómo pude olvidarlo?
Clara
Las paredes de metal desaparecen y en su lugar siento los muros de piedra fría y húmeda del sótano de la mansión de mi infancia. El olor a amoníaco se transforma en el olor a encierro, polvo y moho de mis peores noches.
«¡Cállate de una puta vez, Clara! ¡Te vas a quedar ahí metida a oscuras hasta que aprendas lo que significa obedecer a tu padre!».
La voz atronadora, violenta e implacable de Ricardo Soler resuena en mi cabeza con una nitidez espantosa, tan real que me hace encoger los ho