40. Todos contra uno...
ClaraCamino por los pasillos internos del hotel apretando el tubo de pomada contra mi pecho, justo encima del abdomen donde la quemadura sigue latiendo con un dolor sordo, amortiguado apenas por el frío de la medicina. Mis pasos son mecánicos, pero mi mente es un torbellino que no consigo frenar. Estoy aturdida, confundida y con las defensas más altas que nunca.No logro comprender a Maximiliano Roth. Es un enigma destructivo. En un momento es un monstruo frío, demoníaco, el mismísimo diablo que disfruta arrastrándome por el fango, recordándome mi miseria y tratándome como a una paria. Y al siguiente… al siguiente me sostiene con una suavidad tan extrema que me desarma, aplicándome la crema con una delicadeza infinita, sin aprovecharse de mi dolor, sin cruzar la línea del abuso físico, mirándome con unos ojos oscuros que parecieron encenderse por un segundo. Me dejó quedarme con la pomada e incluso ordenó que me dieran el resto del día libre. No tiene sentido. ¿Qué clase de juego p
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