36. La prometida
Clara
Parpadeo varias veces para disipar la niebla de mis pensamientos justo en el momento en que él empieza a untar la pomada sobre la zona afectada. La textura es fría, helada en comparación con el fuego de mi brazo.
Siento un leve escozor, una pequeña punzada de advertencia que me hace apretar los dientes, pero no es nada insoportable; al contrario, el alivio es casi inmediato. La quemadura empieza a enfriarse bajo sus dedos.
Miro mi brazo mientras él distribuye la crema con movimientos cir