19. El último Soler
MaximilianoClara ni siquiera me mira. Me ignora por completo, como si yo fuera una mancha en la pared.—¡Ya voy, Matti! Ya voy, mi amor —grita ella, con una voz cargada de una ternura y una angustia que me hacen sentir un pinchazo extraño en el pecho.Entra al baño corriendo. Yo me quedo ahí, de pie, sintiéndome extrañamente fuera de lugar. "El hijo", pienso con desprecio. "Se me olvidó por completo la existencia del maldito niño".Me acerco a la puerta del baño en puntillas, movido por una curiosidad que no quiero reconocer. Me asomo por el marco de la puerta. Clara está arrodillada en el suelo, envolviendo a la pequeña figura en una toalla. El niño está rojo, enrojecido por una fiebre que parece emanar de él en ondas. Tiembla violentamente, sus dientes castañetean y sus ojos están vidriosos, fijos en el vacío.—Tengo miedo, Lali… me siento mal… sácame —solloza el pequeño.Veo cómo ella lo aprieta contra sí, susurrándole palabras de consuelo, besando su frente ardiente. Hay algo en
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