18. El mocoso
Maximiliano
Miro el reloj de pulsera por décima vez en los últimos tres minutos. Las 8:45 AM. El silencio en mi oficina me resulta insultante, una bofetada directa a mi autoridad. Se supone que hace cuarenta y cinco minutos Clara Soler debería estar aquí, arrodillada sobre el mármol o puliendo los cristales hasta que sus dedos sangraran.
Me recuesto en mi sillón, tambaleando un bolígrafo de plata entre mis dedos. Mi mirada se clava en la puerta cerrada, esperando que se abra, esperando ver su f