19. El último Soler
Maximiliano
Clara ni siquiera me mira. Me ignora por completo, como si yo fuera una mancha en la pared.
—¡Ya voy, Matti! Ya voy, mi amor —grita ella, con una voz cargada de una ternura y una angustia que me hacen sentir un pinchazo extraño en el pecho.
Entra al baño corriendo. Yo me quedo ahí, de pie, sintiéndome extrañamente fuera de lugar. "El hijo", pienso con desprecio. "Se me olvidó por completo la existencia del maldito niño".
Me acerco a la puerta del baño en puntillas, movido por una cu