Pasó una semana exacta desde el nacimiento de los gemelos. La manada aún se recuperaba del ataque, pero la justicia no podía esperar. Malcolm y Aisha fueron llevados a la gran corte de las manadas principales, un anfiteatro de piedra antigua rodeado de banderas de diferentes clanes. Malcolm llegó atado apenas con esposas, aun mantenía la cabeza en alto, pero los ojos inyectados de rabia contenida. Aisha, con un grillete en el tobillo y una cadena gruesa, caminaba con la dignidad rota, el cabello desordenado y la mirada cargada de veneno.Lila observaba desde su lugar en el estrado, sentada con la espalda recta y los gemelos dormidos en una cuna mágica a su lado. Alfonso estaba de pie frente al gran juez, imponente, con la mandíbula tensa.El juicio comenzó en medio del silencio, pues nadie se atrevía a opinar o murmurar en un evento como este.El gran juez, un lobo anciano de pelaje plateado y ojos penetrantes, golpeó el bastón contra el suelo.—Malcolm, Alfa de la manada del Este.
Leer más