Camila salió del estudio, dejándolos charlar a su aire. Caminó hacia su habitación, pero su mente seguía atrapada en Erick.No podía dejar de pensar en su mirada intensa, en su cuerpo, en la forma elegante en que hablaba y, sobre todo, en cómo la había mirado. Sentía una atracción poderosa por él, aunque sabía que debía ocultarla muy bien para que Julián no sospechara nada.Mientras tanto, en el estudio, Julián le preguntó a su amigo:—¿Cuánto tiempo piensas quedarte en la ciudad?Erick tomó un sorbo de su bebida antes de contestar:—Unos meses. Tengo varios negocios importantes que atender aquí.Julián sonrió.—Entonces quédate en la mansión. Así podremos ponernos al día como antes.—Me parece perfecto —respondió Erick, aceptando de inmediato.Cuando cayó la noche, la mansión se sumió en el silencio. Camila, astuta como siempre, fingió que iba a la cocina por un vaso de agua. Sin embargo, su verdadero objetivo era pasar cerca de la habitación de Erick.Al notar la puerta entreabierta
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