Cuando la madre de Julián finalmente salió de la habitación, Erik cerró la puerta y soltó un profundo suspiro de alivio.
Sentía el corazón latiendo con fuerza después de aquella inesperada visita.
Se pasó las manos por el rostro, intentando calmar los nervios. Por un momento creyó que todo había sido descubierto.
Sin perder tiempo, tomó su teléfono y llamó rápidamente a Camila.
Ella contestó casi de inmediato.
—¿Qué pasó? ¿Por qué me llamas tan nervioso?
—preguntó en voz baja para que Julián