Ciento noventa años después.La Hacienda Los Olivos ya era un lugar sagrado para miles de personas en todo el mundo. Cada año, peregrinas llegaban de todos los rincones para sentarse bajo el gran olivo centenario y dejar cartas, flores y lágrimas. El Rincón del Susurro nunca cerraba. Era un espacio vivo donde cualquier mujer podía hablar sin miedo.Isabel Montalbán de la Torre, de cincuenta y ocho años, era la actual Custodia. Cuarta en la línea de mujeres que habían llevado el legado desde Luna Navarro. Caminaba con paso lento pero seguro por el sendero que conducía al olivo, apoyada en un bastón de madera tallada.Se detuvo frente al árbol y sonrió con ternura.—Buenos días, abuelas —susurró—. Hoy es un día importante.Detrás de ella llegó su hija mayor, Clara, de treinta y dos años, con su hija pequeña en brazos. La niña, de apenas cuatro años, se llamaba Magdalena.—Abuela, ¿es verdad que las tres reinas están aquí? —preguntó la pequeña con los ojos muy abiertos.Isabel se agachó
Leer más