Veinte años habían pasado desde la muerte de Luna Navarro.
La Hacienda Los Olivos seguía en pie, más viva que nunca. Lo que antes era una casa con historia se había convertido en un lugar de peregrinación, un santuario donde las mujeres llegaban de todos los rincones del mundo para sentarse bajo el gran olivo y contar sus historias en voz baja.
Valeria Navarro Montalbán, la nieta mayor de Luna, era ahora la Custodia oficial. A sus cuarenta y dos años, llevaba el legado con una mezcla de respeto