Doscientos diez años después.La Hacienda Los Olivos ya no era solo un lugar. Era un latido vivo.Los olivares se extendían como un mar plateado que parecía tocar el cielo. La escuela se había convertido en un centro internacional de formación para mujeres líderes. El Rincón del Susurro tenía sedes en doce países. Y el olivo centenario, ahora protegido por una estructura de cristal y madera, seguía siendo el corazón de todo.Elena Montalbán de la Torre, de sesenta y cuatro años, era la actual Custodia. Sexta en la línea. Caminaba con paso lento pero seguro por el sendero que conducía al olivo, apoyada en un bastón tallado con ramas de olivo.Se detuvo frente al árbol y sonrió con ternura.—Buenos días, abuelas —susurró—. Hoy es un día especial.Detrás de ella llegó su nieta mayor, Sofía, de veintiocho años, con su hija pequeña en brazos. La niña, de apenas tres años, se llamaba Magdalena.—Abuela, ¿las seis reinas siguen aquí? —preguntó la pequeña con curiosidad.Elena se agachó con d
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