Las luces desaparecieron.En un instante.El piso entero quedó sumido en una oscuridad absoluta.Los gritos comenzaron a escucharse en distintos puntos del hospital.Las alarmas de emergencia seguían sonando, pero ahora parecían más lejanas, más aterradoras.Por un momento, Esmeralda no pudo ver nada.Absolutamente nada.Entonces sintió una mano rodear la suya.Firme.Cálida.Segura.Emilio.—Estoy aquí, pequeña.Aquellas tres palabras fueron suficientes para que no se derrumbara.A pesar del miedo.A pesar del caos.A pesar de que el hombre que había destruido a su familia estaba a pocos metros.Emilio seguía allí.Protegiéndola.—Nadie se separa —ordenó Sebastián.Los escoltas activaron las linternas tácticas de sus armas.Pequeños haces de luz comenzaron a atravesar la oscuridad.Pero aquello solo hacía más inquietante el ambiente.Las sombras parecían moverse.Respirar.Acechar.Entonces un disparo resonó en el pasillo.¡BANG!Uno de los escoltas cayó.—¡Contacto al frente!Inmedi
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