—Papá, por favor, escúchame primero —le suplicó Aria, intentando agarrarle la mano, pero Andrew la empujó de inmediato con brusquedad. El violento rechazo casi hace que Aria estampara contra el suelo; por puro reflejo, Hans, que no le quitaba el ojo de encima desde atrás, la sostuvo firmemente por la cintura para evitar el golpe. Terminó envolviéndola en un abrazo protector, pero cabe aclarar que no fue con ninguna mala intención, sino por pura inercia.—¿Te encuentras bien, Aria? —preguntó Hans con la voz cargada de angustia.—Sí, estoy bien —respondió ella, enderezándose de inmediato para volver a clavarle la mirada a su padre. Tenía la maldita obligación de aclarar las cosas, porque estaba segurísima de que su familia se estaba armando una película completamente distorsionada sobre los motivos del divorcio.—¡Ya basta! ¡No quiero escuchar ni una sola de tus malditas mentiras! —rugió Andrew, antes de clavarle una mirada asesina a Hans—. ¡Y tú, lárgate de aquí antes de que te saque a
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