—Jayden, ¿por qué estás tan pinche callado? —preguntó Elena, rompiendo el abrazo para clavársele con la mirada. La mujer le hizo un puchero idéntico al de una escuincla chiquita que quiere llamar la atención.Jayden, regresando de golpe de su viaje mental, sacudió la cabeza con rapidez para espabilarse y le regaló una sonrisa de inmediato.—No es nada, mi amor. Pero como que ya me está rugiendo la tripa del hambre —soltó el tipo, sobándose el estómago—. ¿A poco ya preparaste algo de comer? —preguntó, buscando desesperadamente cambiarle el tema de conversación.—Sí, ya está la comida —respondió Elena, clavándole una mirada que a Jayden le costó un chingo descifrar. El hombre pensó que la tipa iba a seguir jodiendo con que le soltara una respuesta, pero para su buena suerte, no lo hizo. Y menos mal, porque Jayden lo que menos quería en ese preciso instante era ponerse a pelear con Elena. La última vez que se habían visto, el muy infeliz ni siquiera se había dignado a pedirle una disculp
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