Esa misma noche, a las 10:40 p.m., Valeria salió del penthouse.Le dijo a Alejandro que no podía dormir y que quería dar un paseo por el jardín privado del edificio. Él, confiando en ella por primera vez, le permitió bajar sola, aunque con dos guardias vigilándola desde lejos.En cuanto tuvo oportunidad, se escabulló hacia la salida trasera y tomó un taxi hasta el centro comercial.Llegó al café a las 10:58. El lugar estaba casi vacío. Solo había una persona sentada en la mesa del fondo, de espaldas a ella.Valeria se acercó con el corazón latiéndole en la garganta.Cuando llegó a la mesa, la persona levantó la cabeza.Era Raúl.El primo de Alejandro.El hombre al que ella había culpado durante cinco años.Raúl le sonrió con una expresión que no llegaba a sus ojos.—Sabía que vendrías —dijo con voz suave—. Siéntate, Valeria. Tenemos mucho de qué hablar.Valeria se sentó frente a él, con las manos temblando bajo la mesa.—¿Qué quieres? —preguntó directamente.Raúl se inclin el primer d
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