Dante Salvatore ValcárcelYo no sé tener citas, sé cerrar tratos, sé cobrar deudas, sé entrar a un almacén con tres hombres y salir con cinco camiones llenos de mercancía robada, sé mirar a un traidor a los ojos y hacer que confiese antes de tocarlo, sé mandar, sé destruir, sé sobrevivir.Pero una cita… Eso es territorio desconocido. Y, aun así, estoy de pie frente al espejo de mi habitación, ajustándome los puños de la camisa como un idiota, porque Alessia Bellerose me dijo una vez, sin decirlo directamente, que nunca había tenido una cita donde no esperaran sacarle dinero, favores o un pedazo de su dignidad.Eso me quedó atravesado. Más de lo que debería.Rocco está en la puerta, con los brazos cruzados y una expresión que lleva media hora intentando no convertirse en burla.—Si sonríes, te disparo —le advierto.—No estoy sonriendo.—Lo estás pensando.—Eso no es delito.—En mi casa, sí.Rocco baja la mirada, pero le veo la maldita sonrisa.—Solo digo que jamás pensé ver al Mano Neg
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