Dante Salvatore ValcárcelLa tormenta no terminó cuando dejó de llover, solo cambió de forma.Afuera, la mansión Bellerose amaneció cubierta de humedad, con los jardines brillando bajo una capa fría de agua y las ventanas empañadas como si la casa también hubiera pasado la noche respirando miedo. Pero adentro, el verdadero temporal seguía vivo. Se movía por los pasillos, se sentaba a la mesa, bajaba las escaleras con ropa elegante y fingía que nada se estaba pudriendo bajo los cimientos.Yo conozco ese tipo de casas. Las familias ricas tienen una habilidad especial para esconder cadáveres detrás de cortinas caras. Enzo Ferraro no volvió a ver la luz del día después del puente.Mis hombres lo llevaron a una propiedad mía en las afueras, una bodega discreta, fría, sin ventanas y con el tipo de tortura que hace hablar incluso a los cobardes. No lo maté. Alessia me lo pidió. Y, aunque me joda reconocerlo, cuando Alessia pide algo mirándome como si todavía creyera que hay un pedazo de homb
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