Clara llegó a la clínica diez minutos antes de la hora indicada.No porque quisiera estar allí más tiempo del necesario, sino porque llegar tarde a algo que involucraba a su cuerpo le parecía una forma absurda de perder el poco control que todavía sentía propio. La sala de espera era pequeña, con paredes color crema y una televisión sin sonido donde pasaban recetas saludables que nadie miraba. Había una mujer mayor leyendo una revista, una pareja joven sentada muy cerca en la esquina y una adolescente con audífonos que movía el pie contra el suelo con un ritmo nervioso.Clara eligió la silla más cercana a la ventana.Llevaba el bolso sobre las rodillas y la hoja de indicaciones doblada dentro de una carpeta transparente que había comprado el día anterior. También llevaba una lista de preguntas escrita en el cuaderno de notas: alimentación, controles, vitaminas, sueño, mareos, fechas probables. La lista era práctica, casi fría, y por eso mismo le daba algo a lo que aferrarse. Convertir
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