Un destello cruzó los ojos del hombre.Fingiendo inocencia, respondió:—Sí... Fue un momento de codicia. Presidente Mateo, señora Luana, por favor, perdónenme. No tenía otra opción.Luana soltó una sonrisa burlona.No creía ni una sola palabra de lo que decía.—Aseguras que robaste por necesidad, pero no tocaste ninguno de los objetos valiosos de la empresa. En cambio, te llevaste únicamente una de mis piezas, que, en teoría, no tiene valor comercial.Hizo una breve pausa y lo miró fijamente.—Dime la verdad. ¿Quién te dio las instrucciones?El rostro del hombre palideció.Permaneció en silencio.—¿Conoces al doctor Heitor Curie? —preguntó Luana con aparente indiferencia—. Si dices la verdad, haré que sea él quien realice la operación cerebral de tu familiar.El hombre vaciló.Heitor era el neurocirujano más prestigioso del país.Si aquella cirugía quedaba en sus manos, las probabilidades de éxito serían extraordinariamente altas.La oferta era tentadora.Pero la persona que lo había
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