Un destello cruzó los ojos del hombre.
Fingiendo inocencia, respondió:
—Sí... Fue un momento de codicia. Presidente Mateo, señora Luana, por favor, perdónenme. No tenía otra opción.
Luana soltó una sonrisa burlona.
No creía ni una sola palabra de lo que decía.
—Aseguras que robaste por necesidad, pero no tocaste ninguno de los objetos valiosos de la empresa. En cambio, te llevaste únicamente una de mis piezas, que, en teoría, no tiene valor comercial.
Hizo una breve pausa y lo miró fijamente.
—