Alana.La limusina avanza por las calles de la ciudad. A mi lado, Marie revisa unos papeles en silencio y, frente a nosotras, Marjorie y Vivian miran por la ventana.El auto se detiene un momento junto a la acera y la puerta se abre de golpe. Lauren entra como un torbellino.—¡Oh, Dios mío, Alana! —exclama a modo de saludo, dejándose caer en el asiento de cuero—. No puedo creer que de verdad esté yendo a la boda de Christopher Ashford en una limusina. ¡Mírame! ¿Tú sabes cuánto cuesta este vestido? Te lo juro, esta tela vale muchísimo más que yo entera. Si le cae una gota de agua, me muero.Suelto una carcajada, sintiendo cómo su energía disipa un poco la tensión del ambiente.—Te ves guapísima, Lu —le aseguro.Ella sonríe con orgullo, pero luego se fija en las dos pequeñas que la observan fijamente desde el fondo del asiento. Marjorie la saluda con la mano de lo más normal, pero Vivian se encoge un poquito.—Hola, pequeñas —les dice Lauren, bajando el tono—. Creo que a la mini Christo
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