Alana.
Christopher suspira, desvía los ojos hacia el reloj digital de la mesa de noche y se apoya en el colchón para incorporarse.
—Ya es tarde —murmura, con la voz todavía ronca por el sueño—. Debo prepararme para ir a la firma.
Lo observo en silencio mientras se planta de pie a un lado de la cama. Verlo así, tan expuesto y relajado en su propia intimidad, me revuelve el estómago de una forma extraña.
Se estira para alcanzar su pantalón y se lo coloca con movimientos ágiles. Justo antes de av