Alana.—Es difícil, Alana —dice Derek, devolviéndome el celular tras revisar la cadena de mensajes—. Técnicamente es posible rastrearlos, pero al ser números desechables de diferentes tarjetas prepago, cada texto se conecta a una antena de telefonía distinta. Lo único que podría conseguirte es la ubicación general, pero eso no te va a dar la identidad de nadie.Suelto un suspiro pesado, cruzándome de brazos frente a él.—Vale. ¿Y qué es lo mejor que puedo hacer?—Cambiar tu número —responde sin dudarlo—. Es la opción más rápida. Si te soy honesto, lo mejor sería que no le des tantas vueltas a este asunto. En internet siempre hay gente buscando molestar a figuras públicas, y ahora tú estás bajo el reflector.Una sonrisa amarga se me escapa, aunque por dentro sigo sintiendo el mismo nudo en el estómago. —Sí, ya me dijeron eso hoy.—Bueno, es que es exactamente lo que tienes que hacer —insiste en voz baja, mirando de reojo hacia la escalera antes de continuar—. De todas formas, le pedir
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