Capítulo 37

Christopher.

La sangre me hierve.

Me quedo completamente inmóvil mientras un pitido agudo me retumba en los oídos. La rabia me nubla la vista, compactándose en un nudo en el estómago.

Alana no está asustada por el contrato. No está abrumada por la farsa. Está escarbando en la tumba de mi esposa. Está tocando el único lugar donde juré que nadie jamás volvería a meter las manos.

Giro la cabeza despacio hacia la cama. La misma imagen que antes me habia causado un bonita sensacion ahora me da naus
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