La primavera llegó al vecindario de una manera sutil pero innegable. No hubo grandes anuncios, sino pequeños milagros cotidianos: los árboles de las aceras, que durante meses habían sido esqueletos grises y retorcidos, comenzaron a vestirse de un verde tímido; los días se alargaron, empujando la oscuridad hacia las últimas horas de la tarde; y el aire perdió su filo helado, reemplazándolo por el olor a tierra húmeda y a césped recién cortado.Para Alexandra, el cambio de estación trajo consigo un cambio de ritmo. La oficina de Mery Soluciones, ahora bajo su coordinación logística, funcionaba como una máquina bien engrasada, lo que le permitía disfrutar de sus fines de semana con una tranquilidad que antes le habría parecido ciencia ficción.Era sábado por la mañana. Las ventanas de la pequeña casa de alquiler estaban abiertas de par en par, dejando que la brisa cruzara la sala de estar y revolviera ligeramente los papeles sobre la mesa. Alexandra estaba sentada en el sofá, con una taz
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