El mes de junio trajo consigo un calor denso y pesado, ese tipo de verano urbano que convierte el asfalto en una plancha caliente y obliga a las familias a mantener las ventanas abiertas de par en par buscando una corriente de aire que rara vez llega.Eran las siete de la mañana de un martes. La luz del sol, filtrándose a través de las contraventanas de la pequeña casa, ya anunciaba una jornada calurosa.Alexandra estaba de pie frente al espejo del cuarto de baño. El marco de madera del espejo era viejo, con la pintura blanca ligeramente descascarada en una de las esquinas, muy lejos de los espejos biselados y dorados que decoraban los inmensos vestidores de la mansión en Westchester.Se examinó con atención.Llevaba puesta la blusa blanca de cuello en V y la falda de tubo negra que se habían convertido en su uniforme corporativo oficial. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta pulcra, despejando su rostro. Las ojeras que durante los primeros meses habían surcado sus ojos como
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