—¿Cómo voy a poder dormir si escucho a tu esposo decirte que salgas a estas horas de la noche? —La abuela Martha se plantó frente a ellos, negando con la cabeza hacia Diego—. Diego, ¿ya lo olvidaste? Elena se viene recuperando de una enfermedad. Su estado físico aún es delicado. Afuera está lloviendo, hace frío y eso no le hace bien a su salud. Todavía necesita descansar mucho en casa.Diego se quedó callado. Miró a la abuela Martha y luego se volvió hacia Elena, cuyo rostro, en efecto, todavía lucía un tanto pálido. La angustia volvió a agitarse en su pecho. Por un lado, deseaba tener a Elena bajo su supervisión en todo momento tras el incidente con Mónica de esa tarde. Por el otro, las palabras de la abuela Martha reflejaban una verdad innegable sobre la salud de su esposa.—Pero, abuela, esta reunión es crucial y quiero que Elena esté cerca de mí —intentó justificarse Diego, suavizando el tono de su voz.—Los asuntos de negocios son tu trabajo, Diego. No arriesgues la salud de tu e
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