Capitulo,84

—Diego, necesito hablar contigo. A solas.

Diego no se inmutó. La distancia entre ellos era tan corta que podía percibir el aroma del perfume de Mónica: una fragancia intensa que en ese momento le resultaba completamente nauseabunda. Las palabras de la mujer flotaban en el aire del pasillo ejecutivo, densas y cargadas de veneno.

—No puedo, tengo una reunión —respondió Diego con frialdad.

—Tienes exactamente diez segundos para decidir, Diego —insistió Mónica, manteniendo intacta su sonrisa cínica
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