—¡Esto no tiene sentido, señora! ¿Por qué paga todo mi esfuerzo cancelando mis accesos de manera unilateral?
Mónica estaba de pie en medio de la sala principal de la mansión. Sus manos apretaban su costoso bolso de cuero con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos. Acababa de recibir la notificación de que todos sus permisos de acceso al piso ejecutivo de la empresa de Diego habían sido revocados de forma permanente esa misma mañana.
La señora Victoria no respondió de inmediato.